Hay días y días

Querido imposible e invisible…

Hay días y días. Hay momentos y momentos y hay personas y personas. Lo que también existe sin existir es un remedio para un corazón dañado, cansado y soñador. Hoy solo me distrae la música y el pensamiento. Me subleva la monotonía de los días iguales, incoloros e incluso también insípidos. No huele a nada y no saboreo nada. El menú del órgano que siente es algo atípico e incierto.
Doy consejos que para mí no tengo, dice el refrán o el dicho popular. Ni lo más mínimo me distrae porque estoy completamente abstraída por ti y no consigo de manera alguna abatir este desasosiego que nubla mis ideas, mi juicio y mi razón.
Sé que existe un día allá al fin del futuro que nos vendrá cuando menos esperemos y desearía al menos marcharme con las imágenes felices que los espejos de mi vida han reflejado. Son variadas y dispersas en el tiempo pero siempre o casi han sorteado el equilibrio de lo imposible, de lo difícil, de lo inalcanzable.
Esta mañana me he levantado muy temprano, cuando aún el día no pensaba en aparecer y después de una noche de reloj lento, muy lento, demasiado lento. No sé si aún trato de dormitar o me escabullo entre los pájaros del otoño, que también cantan de madrugada. Es verdad y aún no localizo en qué árbol está, pero está. Igual que tú, ya sabes.
Al día le queda mucho aún y sin que nada me distraiga deseo con todo mi corazón estar donde estés aunque esa presencia me oprima físicamente el corazón y humedezca a ratos desconsolados mis ojos de lágrimas.
Un beso largo como el día.

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