La tarde compasiva y misericordiosa

Y ya en las postrimerías del día, como escribió San Juan de la Cruz, los ánimos se apaciguan y me examino yo.
Me hiciste enfadar anoche sin querer, ya lo sé. No, no era para mí. Y eso que mis ojos que están ahí, que los tienen todos, que hablan más que lloran, son claros, limpios, serenos y sobre todo sinceros. ¿Pueden confundir? No.

La callada por respuesta y el silencio por excusa. Este consuelo no me vale. Soy como una historia que alguien hubiese contado para novelar. Yo no sé si soy tedio o esperanza.
Y emigro a mis lugares de costumbre, hoy entre nubes con rasgos mal difuminados y llovizna suave.

Y me duele a veces, muchas, demasiadas, la vida, aún con las palmaditas de aliento que me doy. No me encuentro mal donde estoy pero no sé si me encontraría bien donde podría estar.

Ya se ha puesto la tarde el traje sensible de la nocturnidad y me vuelvo a derrumbar con el silencio impúdico de todo lo que me ve sin poderlo iluminar de manera alguna.
Yo sólo estoy aquí y tú tratando sin querer ni desear que mis sueños sean realidades absolutas.
Un beso auténtico, real y acariciado como la canción.

Una respuesta a “La tarde compasiva y misericordiosa”

  1. “Yo no sé si soy tedio o esperanza.” … gran frase, ecdm. “me duele la vida”, “No me encuentro mal donde estoy pero no sé si me encontraría bien donde podría estar” … cuanto dolor y cuantas bellas palabras.
    Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.