El tropiezo

No, no estaba, no está tan lejos. La inspiración  que hace desempolvar las palabras de tu cerebro para traerlas aquí está siempre más cerca de lo que crees, no en tu cabeza,  al lado tuyo. Y la felicidad también. No hace falta escalar cerros remotos, ni patear valles, ni tan siquiera como es mi caso, ir a mojarse los pies a ese trozo de orilla en donde a veces descanso mi alma junto a las gaviotas.

No ha escampado todavía, pero veo el sol. La presencia de las emociones no sé si está al final o al principio, pero sé que está. La percibo, la siento, la vivo. El continuo esperar cuando puede no esperarse nada siempre habrá sido sin saberlo esa inspiración que estos días me ha faltado para imaginar todo, sufrir mucho y no ser al final nada.

Llorar en mi torpeza solo me ha hecho empañar lo que tan cerca tengo. Ahora solo deseo nacer de nuevo, desvanecer las nubes y vivir, solo vivir. Ignoro si habrá valido la pena, quiero pensar que sí. Mis palabras a veces se precipitan de forma torpe dando lugar a equívocos en donde no siempre transmito el consejo adecuado ni la respuesta correcta, pero soy así.

Tropezar para levantarse. Tengo muchos vacíos y gozos diminutos, pero siempre valdrá la pena luchar por ello. Siempre.

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