El eterno compañero

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El amor le dijo al tiempo…¡Quédate! Este le contestó: “No puedo, he de seguir”. Siempre procuraban  marchar juntos, con la incertidumbre de lo porvenir, con la esperanza de lo deseado, con el desasosiego que a ambos les atañe siempre el no saber nunca cómo, cuando y adonde se va.

El amor medía el impulso de no poder decir aquello que sentía, confiaba en la inercia y en el transcurrir de los días, pero el tiempo no era, no es nunca garantía de nada, ni siquiera de sí mismo.

Un día el amor se acurrucó en un rincón y se quedó dormido. El tiempo había seguido discurriendo. Voló entonces hacia el refugio del recuerdo deseando saber, en esa distancia incierta, su presencia en el silencio de los sentimientos vividos y le preguntó… ¿Estás despierto o sigues soñando? El amor respondió…¿Por qué vuelves si ya no sirves de nada?

 

 

 

 

 

Entrar para no quedarse

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Entró en él sin permiso, solo necesitó un instante para descabalgar cualquier obstáculo y soñar. Y ahí está. Ahí sigue. Esperando aunque carezca de momentos. Finge morirse cada madrugada cuando el tiempo ya no existe y los pájaros pliegan sus alas.  Siente que a veces se le escapa, que marcha sin retorno, pero él lo espera con la ilusión de quién ha puesto su vida patas arriba para volver a vivir, sin demasiados futuros pero vivo.

Latir, imaginar paisajes y sostener palabras que se desbocan son los instantes que el amor necesita para decir aquí estoy, no me marcho, me quedo. No sé hasta cuándo porque la felicidad carece de calendario.

Y entre el ir y el quedarse un mar de silencios porque hacemos complicado lo fácil. Mientras, mi alma se extiende más allá de donde al parecer tu corazón se desparrama. No pasa nada. Deseo robarte tu corazón lentamente porque es complemento del mío. Con esa certeza dejo que me consueles aunque no te perciba.

Tarde de verano

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Dicen que para realizar un sueño solo hay que olvidarlo. Hacer que no requiera de nuestra atención. Yo no lo consigo. Intento rozar con mis dedos aquello que en mi falsa realidad deseo que muera, pero solo es una equivocación más. Todo está más vivo que nunca. Silencios…suspiros…palabras…miradas…como si cada cosa proyectase una sombra vaga de la realidad, pero solo es lo que es.

No puedo apenas hablar, solo balbuceo, me veo incapacitada para escribir y solo emborrono cuartillas sin sentido. Hay algo más para ser al mismo tiempo amor y locura, sueños y realidad, vida y sufrimiento.

Deseo expresarme una vez más con el corazón en esta apacible tarde de verano en donde me gustaría olvidar qué es lo que dicen mis palabras y saber hacia dónde voy, pero la desmemoria es incompatible con la vida y eso desgarra el alma dejándola derretida en un mar inmenso de olas.