A ver si…

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A ver si… nos vemos…si vamos…si venimos…si somos.

Hay que utilizar las palabras no solo para entenderse, también para estar y no exiliarse. Hay quien va con pasos frágiles y así es imposible conocerse, apoyarse, entenderse y mucho menos comprenderse.

Anhelamos comunicarnos, pero también acariciarnos, mimarnos, tocarnos. Con las manos, con las mejillas, con los labios. No podemos andar a tientas con los sentimientos y parece que hoy nos avergüenza sentir. Siempre en esa disyuntiva de interrogarlo todo y no hacer nada.

Fuera de mí hay remolinos de miedo, muros de desconfianza infundados, desconocimientos cobardes que nunca encuentran la oportunidad de responder al cuándo… Y es tan fácil como… ¡Hoy! ¡Ahora! ¡Ya!

Siempre se anda  con el A ver si… pero se lanza al aire una y otra vez sabiendo que va a despeñarse sin remedio, que se derrumbará desde el punto de partida porque ya nace inclinado desde el principio.

Hay un corazón encadenado y un corazón malhumorado. Hay tantos besos presos como promesas vanas. Hay tanta sencillez y tanto cariño  como desconocimiento y amargura. Hay en definitiva demasiados sueños y poca curiosidad. Todo a la vez.

Deseo y quiero entender, tal vez de forma errónea, que ambos dolores son justos. Difícil combinarlos en un corazón que desea entregarse de forma ordenada aunque saque de donde no tengo,  sacos de coraje, grandes dosis de entusiasmo y demasiada imaginación .  A ver si…alguna vez.

Un tiempo a destiempo

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Como no me dejas entrar en tus silencios,  a través de mis palabras quiero y deseo que penetres en los míos. Sabes que yo no me resisto a callarme y tengo la necesidad de escribir lo que pienso que es lo mismo que mi corazón siente.

Me dejas siempre en los puntos suspensivos que posteriormente, cuando mi ánimo se serena los traduzco en sueños, en imágenes que están ahí y apenas percibes, en frases soslayadas que no me dejas terminar y en eso, en silencios que yo solo oigo.

¿Aprovechar el tiempo? ¿Vivirlo? Dime cómo porque yo no lo sé. Mi corazón y mi cerebro están cansados y el hoy no es ayer porque el mañana ya será destiempo, como casi todo. Los sentimientos no aceptan previsiones.

He sido siempre una soñadora de imposibles en aquello que me hizo vivir y por lo que yo me desviví también, pero era solo arena que se deshizo entre mis dedos cuando el reloj, ese instrumento que solo necesita de la gravedad para su funcionamiento, la hizo caer.

Mañana, pasado mañana, la semana que viene, dentro de un mes, cuando no midamos las horas, ni los momentos, ni las circunstancias… puede que exista un lugar a tiempo para que nuestro corazón y nuestra alma galopen juntos…o no.

Un corazón congelado

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Le decía que no, que esperara, que fuera hacía frío, tal vez nieve sucia para hacerlo resbalar. Que dejara aparcado su ímpetu, que se contuviera, que no debía salir.

Yo no soy su dueña, lo sé. ¿Cómo corregir lo que a veces no razona? Mi vida se quedaría hueca sin él. No me escuchaba y cual dominador rebelde no me daba opción.

¿Alguien lo conoce como para pararlo cuando se desborda en esa locura de mostrar su verdadera naturaleza? Deseaba deslizarme montaña abajo con él, pero esquiar de forma correcta sin él. Una dicotomía difícil.

Le pregunté si había tenido algún disgusto reciente, si un mal rato le había alcanzado, si tenía algún problema… Silencio.
Se lo pensó y me respondió.
__ No, ninguno.
__ Me mintió.

El corazón también llora cuando se encuentra sin coartada y congelado para poder liberarse y sentir.

 

La estela del cometa

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Fue noche de luna brillante, extraordinaria y dicen que azul. Mañana de eclipse y día de cometas. Sí, no todos vieron estos últimos, algunos son invisibles. Igualmente brillantes, dicen que poseen una forma irregular, pero yo he constatado en alguno que su núcleo y estela son para enamorar. Pero el alma no entiende de astronomía y el corazón solo se deja llevar por  estrellas que lo hacen vibrar, vivir y también descabalarse, desfondarse y medio mutilarse.

“ Lo esencial es saber ver,

saber ver sin estar pensando,

saber ver cuando se ve,

y no pensar cuando se ve ni

ver cuando se piensa”

(A.Caeiro/F. Pessoa)

Yo no podía pensar, solo acertaba a ver, escuchar y soñar. Solo eso. Capté el reflejo de la luna, el eclipse se me difuminó entre nubes abigarradas y el cometa me dejó su estela con la esperanza de no derretirse con el Sol. Sigue en ese Universo desconocido que son los sueños que la realidad ve cuando no se piensa. Estuvo disfrazado de ánimo, de cariño, de comprensión y sobre todo de ese brillo especial  que hacen que las cosas simplemente sean y existan.