El empujón

IMG_8031La noche nunca está desierta aunque esté oscura. Es posible que el mundo se esté hundiendo a mis pies mientras yo pueda seguir contando estrellas. Ya quedé con alguien hace algún tiempo en que iba a hacerlo, así que hace algunas noches y aprovechando un descuido en que dejé la puerta entreabierta ellas se han colado de rondón y me han dejado observarlas.

Me puse a numerarlas y observo con estupor que son muy pocas las que brillan. Tan solo dos o tres, tal vez dos o quizá una, pero continúo haciéndolo. Soy una enamorada de los cielos, del cielo.

Pero la noche también puede ser guarida de derrotas, cobijo de desesperanzas y escondrijo de opiniones desafortunadas, así que espero siempre el amanecer.

Hay quien me aconseja no salga de madrugada temiendo, en el cariño que me tiene, que pueda ser sorprendida por constelaciones algo difusas. No deja de llevar razón, pero siento que sin querer deseo saludar al alba  en esa inconsciencia del que presiente que se le acaba el tiempo para retener la gloria, si la hay, el amor si es que aparece y esa felicidad que quedó un tiempo atrapada  en un paréntesis inesperado.

IMG_8033Solo deseo despedir ese cielo azul brillante que me sirve de techo casi todas las noches y conseguir que un párpado se me abra dulcemente, una sábana se deslice suavemente hacia el suelo, una persiana se suba despacio y unas estrellas que ya huyan de forma precipitada,  se alejen del todo para dejar paso a ese nuevo día que yo pretendo buscar y disfrutar cada mañana.

 

Liberar fantasmas y cumplir sueños

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Llevo unos días en que todo me sabe a tristeza, a silencio, a impotencia, a un calor frío en donde se han concatenado muchas cosas. Oscuridad y soledad en el cuerpo y en el alma. Un paisaje desolado  en donde mis palabras están muy cansadas, pero siempre esperanzadas y mis pasos vacilantes no darán jamás nada por perdido, salvo lo irremediable.

Me oprime el amor y no me gustaría enfrentarlo al odio porque detesto esa palabra. Hago un cálculo y el  corazón que no entiende de matemáticas desea sumar siempre. A través de un páramo o de un campo de minas, da igual.

El infinito es muy grande para dejarme ahogar y mi cariño por esta única que tengo se renueva en cada estación, en cada golpe, aunque necesite como escribe Sun Tzu… ”sabiduría para ser capaz  de reconocer los cambios de las circunstancias y actuar con presteza”.

Seguirán impávidas las personas y las cosas. Las cosas porque hemos de mudarlas nosotros y las personas porque yo no soy quien para trasladarlas allí donde ellas no quieren estar aunque yo les pida con toda mi alma que deben liberar fantasmas y hacerles creer que aún hay sueños presos por cumplir.

Habrá fantasmas en mi almohada y rugido de leones en mi cabeza así pues…no estoy sola.

Un ángel entre dos instantes

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Hacía frío y había silencio. Brillaba una luz cerca del cielo y el motor se paró. Esa estación no estaba ahí, apareció de repente, inoportuna e inesperada. No estaba en el destino programado ni tampoco se le advirtió que no fuese camino para transitar.

Se preguntó en esos instantes, que son segundos sin fin, en todo lo que estaba quedo. Cómo amaría un corazón parado, como llegaría el próximo verano cuyos pasos ya presentía, cómo entenderían sus queridas cosas su partida, pero de momento nada veía ni escuchaba. Solo oscuridad.

Pero alguien estaba esperándole. Un ángel paciente, calmado, tranquilo, eficiente, honesto y profesional; también en esos destinos se encuentran divinidades. Un ángel que estuvo muchas horas junto a él, sin dejarle solo ni un solo momento. Sin dormir, apenas comer, atento, vigilante…dejándose si hubiese hecho falta media vida en el camino. Tal vez allí dejó algún girón de su existencia.

Y el motor arrancó de nuevo. Y él supo que la felicidad estuvo allí y desconoce por qué no estuvo también aquí, a este otro lado en donde los desencantos estrujan a veces la vida que, como su motor, se nos puede detener en un segundo.