El susurro de un instante

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No sé por qué traigo las palabras aquí cuando ellas casi siempre están en otro lado. Otra cosa es que se vean, sean oídas y por supuesto leídas. Es parte de mi conocimiento imperfecto.

Esta mañana he sacado unas pocas de ellas, eso sí seleccionadas con enorme cariño y las he colocado sobre las dunas de arena próximas a la playa. Había algo de bruma y una buena temperatura para que permanecieran allí, pero cuando he vuelto de un paseo relajante he visto que no estaban, habían desaparecido.

He mirado más abajo por si el viento, muy frecuente en esta zona, las hubiese dispersado unos metros más allá. Ni rastro. He hundido mis pisadas hasta donde el pie me dejaba, pero nada.

Ha sido culpa mía, no debiera haberlas depositado en un lugar tan inestable, tan poco seguro, la arena es así. Es la montaña pulverizada  o quizá el abismo. Y lo peor es que no hay capacidad de recuperarlas, no dejan huella.

Estas cosas ocurren con frecuencia. Es el extravío de lo esencial. Saber dónde colocas aquello que quieres, aquello que amas, aquello que significa algo para ti. Hasta mi llegan los susurros de las olas en donde esas dunas mueren ¿Serán las palabras perdidas? No…solo esperanzas vagas, deseos fútiles, sueños incontestables…

Me asomo a la ventana, me topo con la altiplanicie desde donde sigo divisando el mar y me viene el sonido de una bella canción de Serrat, que dice; “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí. Perdóname si hoy busco en la arena, una luna llena, que arañaba el mar.”

 

La noche utópica

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“En días inicuos, el poeta prepara días mejores.

Es el hombre de las utopías, con los pies aquí

y los ojos en otro lado”

Víctor Hugo

Hay etapas en la vida con días perversos, injustos, malévolos que parecen no terminar nunca. Andenes de paciencia tediosos y monótonos. Aludes de horas que nos sepultan de soledad, pero también un galope de noches que nos llegan una tras otra para poder refugiarnos en la utopía.

Hacemos resumen de todo lo que de día observamos porque aunque las acciones diarias a veces son más ficciones que otra cosa no dejan de estar, son reales. Grandes dosis de astucia, de maldad, insuficiencia de honestidad y bondad muchas veces junto a enormes dosis de cinismo otras.

Tú, yo y todos vamos con todo; con palabras,  con hechos y también con  silencios aunque estos últimos a mí particularmente no me gusten, dejan al alma sin capacidad  de respuesta. El corazón necesita alimentarse aunque sea de sustancias poco saludables, es bueno y necesario a veces, las que se hallan entre la verdad y la mentira. Es así de cierto.

La noche es la inacción de todo menos la imaginación y los sueños. Ella posee la sensibilidad de escucharnos sin juzgarnos. Inventemos pues lo inaccesible aunque a la mañana siguiente la utopía se nos derrumbe y tengamos que refugiarnos en la realidad más absoluta. Soñemos a ser poetas…Un pie aquí y la esperanza en otro lado.

Cuartel de verano

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Las palabras también andan mustias, lánguidas, asfixiadas, laxas… Llevan días que no sirven para casi nada. Solo comentarios breves y fugaces para quien está ahí contra viento y marea, sin olvidar a los que están sin estar que son los más.

De vez en cuando me repliego a ese cuartel de verano, a modo de fresquera antigua y allí me dejo caer con lo poco o mucho que tengo, que puede no ser importante, pero sí preciado; mi alma.

Allí a oscuras y en silencio medito cual filosofía zen. No me oye casi nadie, pero soy feliz por compartir ese placer con unos pocos  y conmigo. Solo abro una rendija pequeña por la que dejo pasar algo de luz, no demasiada, la suficiente y también algo de brisa, esa que se resiste.

Pasados unos días y como si no hubiese pasado nada, pero sucediendo, me enfrento de nuevo a la realidad y no cabe duda de que se cumple lo que a menudo se pregona y es que supera siempre la ficción. La vanidad a raudales, los egos por las cimas más altas y el orgullo tocando el techo del paroxismo. Y me pregunto por qué.

Pero no voy a filosofar demasiado, también dejaré la mente vacacionar concediéndole a mi entender ese bienestar pasajero de los que no vamos de vacaciones, no por no desearlo sino por creer que son otras fechas las idóneas para hacerlo. Creo que fue Sócrates el que dijo que “No se filosofa para pasar el tiempo, sino para salvar la piel y el alma”. 

Así que lo que se puede saber y lo se debe hacer también descansan aunque estén ahí. Y no sé si es mejor o no. Me parece que una forma metafórica o no de huir de la realidad puede ser útil para refugiarme en eso irreal que todos llevamos adosado; la imposibilidad de los sueños por cumplir.

Calma y poesía

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Era uno como muchos días aquí, brumoso, pesado, asfixiante, descolorido, para dejarme sin fuerzas, pero fui a verle. Mientras en mi interior bullían palabras de un poeta chileno, no demasiado conocido, Jorge Teillier. El creía que la poesía debía ser, como otras muchas cosas, instrumento de lucha y liberación.

Su libro Muertes y Maravillas me recuerda, salvando las distancias, aquello por lo que el hombre pelea sabiendo muchas veces de antemano que es una batalla perdida, pero no dándose jamás por vencido.

“Ninguna poesía ha calmado el hambre o remediado una injusticia social, pero su belleza puede ayudar a sobrevivir contra todas las miserias. Yo escribía lo que me dictaba mi verdadero yo, el que trato de alcanzar en esta lucha entre mí mismo y mi poesía. Porque no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre. De qué le vale escribir versos a tanto personaje resentido, encerrado en una oscuridad sin puerta de escape, que vemos deambular por el mundo literario” 

Y hoy hay quien no escribe poesías,  lo hace con la prosa que le dicta su corazón y su conciencia, buena o mala como Teillier, no sin antes luchar contra todo lo que le reconcome y malgasta el alma.

Una mochila y un peldaño

 

IMG_2558Dos amigos a los que admiro y quiero por motivos bien diferentes,  me inspiran el título de estas líneas a las que llevo días intentando dar forma sin conseguirlo. A veces sin que yo lo espere me asaltan párrafos espaciados que posteriormente me cuesta trabajo hilvanar, como es en esta ocasión.

Cada uno es como es y los dos  sufren por la carga pesada que cada uno lleva, de naturaleza bien diferente y por distinta causa. Yo ya malgasté mis formas físicas en paisajes hoy desechos de esfuerzo, amor propio y esperanza, pero deseo echarles una mano por creer equivocadamente que pudieran necesitarla, pero solo es a mi entender una emoción subjetiva. Perdonadme ambos.

A ninguno de los dos les tengo por estúpidos porque su inteligencia superior a la media, va más allá de la monotonía de los días vulgares, como escribía Pessoa.

Yo siempre doy por ciertas mis intuiciones y con ello me equivoco muchas veces, pero soy como soy. Se quejan y con razón de algo que les pesa. Y es que la carga siempre está donde estamos y no más allá. El cansancio duele y la lucha por aquello que deseamos también. Y en este caso son tan distintos los contenidos de cada una de ellas que ni de lejos pudieran ser comparables aunque yo lo haya hecho.

Deseo insuflar su ánimo porque ambos lo  necesitan. Están en mi camino aunque ellos no me vean, a veces no me lean y las más no me escuchen. Este mundo-e es así. Mis sueños viajan con ellos a paraísos esperanzados y aunque la carga que portan parezca ligera pesa hasta la extenuación y es tan diferente cual es  una mochila y un peldaño.

Mi corazón que es lo único que tengo para dar está con vosotros, cargado eso sí, de un enorme amor por ambos.