El encanto colateral

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Parece invisible, pero no lo es al menos en el sentido literal de la expresión. No se muestra su imagen aunque se adivine por las múltiples pinceladas que él siempre muestra de ella. Rinde culto a su positivismo, a su entusiasmo, a su dedicación a él y a su infinito amor que desde hace años le encandiló con su tez morena y su sonrisa, objeto de envidia de muchos.

Y yo le entiendo a él aún sin conocerla a ella porque no me hace falta. Tiene un poeta a su lado y ellos saben mejor que nadie describir sentimientos, pasiones y sueños…sin mostrar imagen alguna.

El amor de verdad no brota por las prendas físicas ni por el cabello, está en el talento de quien entrega lo mejor de sí para siempre compartiéndolo con otra persona.

La felicidad alargada en el tiempo de una pareja, matrimonio o no, no es la proporción del alma que se entrega y la del corazón  que la recibe y que igualmente se da, es mucho más.

Y a mí que tanto me gusta el mar y al que le tengo auténtica devoción, hoy desde aquí y en nombre de todos aquellos que encuentran un ángel que les sirve de contramaestre en ese difícil bogar por la vida, te rindo mi sencillo y humilde homenaje con el título de esta bloguería. Con permiso…¡Va por ti!

Viento

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Esta mañana no, esta tarde no sé. Porque en días como estos se agradece, no ya la suave brisa que también, sino algo de viento aunque sea para llevarse las cenizas de este calor bochornoso y asfixiante que nos deja caer el sol con su festín de playa, de vacaciones y de vida al aire libre.

El viento ha estado presente casi todo el invierno, con sus filias y sus fobias sobre todo cuando aparece por donde el sol tiene por costumbre levantarse.

Y en su transitar también el viento se lleva muchas cosas. Es inmisericorde con mi sueño y desagradecido con las palabras. Esas que aparecen de madrugada y que él, el viento, maneja como quiere.

Y siento curiosidad por saber qué hace Eolo con lo que se lleva. ¿Lo archiva en la Nube? ¿Le abre una carpeta en el escritorio para utilizarla cuando y según convenga? Renuncio a cualquier creencia sincera.

El viento es caprichoso y nunca sabes por donde aparecerá ni tampoco por donde iniciará la huida. Hay cosas que dejó fijadas al suelo porque eran demasiado grandes para levantarlas, aquellas piedras con las que escribí su nombre en una cala solitaria. Y otras… aquellas palabras escritas de madrugada de las que ignoro el lugar adonde fueron a parar, pero que deseo el viento las recupere, me las traiga de nuevo y por supuesto las haga realidad.

Un ángel en el pasillo

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Allí no hay una carretera al uso, ni señales, ni código de tráfico, sí una carrera cuando es necesario. Un camino algo enmarañado, complicado, con vueltas y revueltas, pero gozoso y de júbilo interior para todos aquellos que velan porque el tránsito por ese trayecto sea lo más breve posible, sin prisa pero sin pausa y por supuesto con la prudencia y la eficacia que se requieren.

Llevo algún tiempo transitando por ese atajo en mi vida y considero que hay que detenerse un instante en nuestra impaciencia, en nuestra celeridad continua y aparcar las prisas que nos consume el tiempo, ese que cuando menos te lo esperas se detiene para darte donde más te duele.

Y hace unos días un ángel se me apareció en ese pasillo. No venía de muy lejos pues su vestimenta aún indicaba su estancia en espacios celestes. Salió algo aturdida, pero con una sonrisa capaz de motivar a cualquier incrédulo.

Observar en medio de aplausos aparecer de nuevo la vida a los 4 años a través de ese pasillo que no solo conduce a lágrimas y desconsuelo, sino a una esperanza de momento menos dolorosa , eso sí es vivir, eso sí es amar.

 

¿Talar palmeras?

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Recuerdo aquella reciente madrugada de marzo en la que la vida me distrajo para hacer coexistir la esperanza con los sueños insomnes. ¿Cuál era el plan? Estaba bien descrito, pormenorizado y sincero. Deseo creerlo así.

No he querido talar palmeras que son las que a veces me entorpecen la vista de ese horizonte infinito que siempre tengo enfrente por si un error de ubicación me hubiese equivocado el lugar. No.

Y decidí seguir con lo que tengo alrededor, belleza y vida sin duda, pero con restos de naufragios de los que salí indemne aunque haya quien diga que con ese material, débil, frágil, casi efímero y bastante sensible se puedan aun construir grandes paquebotes.

El mundo real difiere y mucho de aquello que creemos haber visto sin ver, de lo que hemos oído sin escuchar y de esas miradas serenas, limpias y sinceras de unos ojos a los que no han permitido encandilar a nadie…de nuevo.