Casi allí

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“El miedo a la locura

no será lo que nos

obligue a arriar la bandera

de la imaginación” 

André Breton

 

Mover las palabras, tratar de crear relatos, engarzar pensamientos, armonizar sonidos, dibujar paisajes en la retina…Todo eso y yo, como si no existiera nada más. Y el reloj se para, se queda atrás, enmudece.

En ese momento el futuro no existe y puedo sospechar que estoy imaginando o tal vez soñando,  eso solo depende de mí.

Puede ser que lea demasiado o que filosofe  con los delfines con los que me topo algunas ves cuando frecuento el espigón de poniente. Sí, con ellos.

Párate, detente, echa el ancla por un momento. Ahora que ya sabes quién soy…¿Por qué no te vienes conmigo para saborear algunas de las cosas  si tú has contribuido a que yo sueñe?

La felicidad existe, yo la encuentro a veces de forma fugaz; pero no por ello menos prueba de que no es una quimera. Un relato, un verso, una música, una conversación, un silencio también, una mirada… una imagen.

Y la insatisfacción de no poderlo obtener todo también, sin dejar margen a ningún atisbo de locura. El cielo está más cerca de lo que pensamos…casi allí.

El viento del otro lado

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Ha sido una noche de viento, de silbidos, de sonidos por doquier. Pudieran venir de arriba en donde jardineras, macetas y plantas  frondosas toman el sol y el aire a placer.

De vez en cuando hay otros ruidos  algo desvencijados que no me cuadran  con nada de lo que allí hay, pero pudieran provenir de otro lado. Alguien o algo que trate de moverse o de llamar la atención.

He sido siempre una soñadora con recursos y me alegro de seguir siéndolo aun cuando las derrotas  me hagan cada vez la vida menos recurrente.

Pero hay veces, como anoche, en que los sonidos son pequeños, apenas perceptibles pero a la vez claros, nítidos. Pudieran ser besos mudos o ruidosos, esos que alegran hasta las piedras y hacen reír a los grajos. Esos abrazos  y esas caricias que acompañan a una melodía susurrada. Aquellos que la imaginación desea que sea.

Todos esos ruidos que el viento aumenta me alivian. Yo no subo para averiguar qué es lo que se mueve por temor a que el silencio se transforme de nuevo en un monstruo capaz de aterrarme.

Tal vez me empeñe en estar cuerda cuando los sentimientos son fáciles aliados de los vientos desorbitados, de la lluvia como lágrimas o de los soles abrasadores.

Me gusta ese viento del otro lado, ese que se recuesta a mi lado en la almohada. Ese que evita despertarme al día siguiente con el latido cansino de los días iguales.

 

Dos que son uno solo

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Hoy a la hora del alba los cielos parecían estar más abiertos que de costumbre y las estrellas habían desaparecido inquietas. Si levitar sobre realidades y sueños me hacen escribir párrafos inconexos como estos habrá valido la pena haber partido el día y descomponer la rutina.

La magia de ese despertar vagabundea buscando dueños de amores perdidos y algunos no encontrados que pareciendo igual no lo son, pero ninguno de esos estados de mi búsqueda decide acompañarme. Y es que cuando aparecen más soledades de las previstas, duermo y despierto en dos espacios igualmente divididos que me hacen así modular desasosiegos a mi antojo.

Eso sí, diferencio entre lo que se fue y lo que deseo, dos caminos que no se reconocen como destinos unidos y que tienen algo en común, la felicidad. Realmente no sé si es por los dos o tal vez por uno solo. Me abruma a veces la tristeza y siento que a mi edad aún es posible enamorarse.  Son dos y uno solo. El amor es así de loco.

Un único regalo

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Queridos Reyes Magos:

Mi carta es muy corta pero va a buscaros y además con urgencia. Perdonadme, soy consciente de que tenéis mucho trabajo estos días.

No creo pecar  de nada  cuando dejo en blanco el párrafo de mis deseos personales. El  capítulo de mi salud no depende  de mí porque abrigarme o desnudarme y otros cuidados colaterales al fin y al cabo son de momento males menores, aunque a veces no tanto.

Os diré que no vais a tener problema con los regalos porque solo será uno e igual para todos. Sé que mi petición tiene un objetivo elevado, pero la recompensa que recibiréis os pagará con creces el milagro, pensando claro está, que como sois Magos…

Ellos, los niños destinatarios,  llevan esperando la petición de su carta desde el mismo momento en que llegaron adonde están, así que será más fácil atender sus deseos.

¡Ah! Se me olvidaba una cosa y perdonad mi machaconería, hay niños que están algo escondidos y así no serán los zapatos en el balcón los que os guíen hasta ellos. Es otra cosa que les delata…el juego del escondite.

Cuando salgan, ellos os darán las gracias y yo os abrazaré por haber dejado en mis zapatos una cosa intangible… la esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El viejo cuaderno

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Nació en el corazón, pasó por la cabeza y desembocó en mis ojos. Y como si cada lágrima fuera una gota salada fui rellenando un mar diferente en las horas oscuras en donde el silencio se hace voz y la angustia podría ser un muelle donde atracar el velero de mis  sueños que la imaginación mece.

El llanto de quién ve desde el muelle llegar y partir. La inestabilidad del alma próxima a los puertos. Y ese velero anclado tan solo  desea ardientemente izar velas y levar anclas.

Y correr el riesgo de atravesar temporales, y golpear emociones y fondear en islas lejanas dejadas atrás en la última travesía. Arrojar al mar mi viejo cuaderno de bitácora dejándome seducir por la felicidad de otras mareas.