Propósitos reservados

 

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Un trozo de cuartilla arrugada me sirve a modo de borrador para anotar los propósitos a cumplir en el año que entra. Así llevo tachando los años anteriores desde hace seis, solo seis. Lo anterior está en la hemeroteca. Lo guardo entre las primeras hojas de un libro pequeño que colocado en un sitio no muy visible de la biblioteca está siempre a mi alcance en los últimos días del año.

La soledad impuesta no me ha dejado hacer planes de futuro hasta hace muy poco. El dicho repetido de aceptar las cosas que no puedeas cambiar. Podían más los recuerdos que los anhelos, el desánimo a la voluntad y la desesperanza al estímulo.

He tachado esos seis años perdidos y me dispongo a confeccionar, esta vez de forma más actual una nueva plantilla. Con celdas, columnas, colores, conceptos y un apartado pequeño para anotar una cifra de cuatro dígitos.

Las cárceles de ese papel no me servirán para albergar asesinos, corruptos, estafadores, ni tampoco la maldad, la envidia, la avaricia, la crueldad y la depravación de nuestro mundo de hoy. Habrían de ser mucho más amplias.

Aunque barajo cinco o seis filas más, no sé por qué ese número, tan solo rellenaría una…2017. El resto sea la cifra que sea me será difícil de prever. “Largo me lo fiais amigo Sancho”, me digo.

Todos vivimos época de desesperanza, de falta de proyectos, de falsedades, de engaños deliberados. Como quería clasificar actitudes y aptitudes me dispongo a utilizar colores para marcar así mejor mis metas. Verde, rojo, azul, blanco, negro, rosa, gris…. ¿Gris? Sí gris.

Mi pretensión puede ser discutible pero seguramente resultará eficaz, quiero poner a prueba mi propia voluntad no dejando al azar del olvido ninguno de mis propósitos para potenciar mis auténticas capacidades… y voy cubriendo casillas.

La esperanza para construir un mundo mejor. Poner pasión, fuerza y determinación en todas las cosas que haga aún las más nimias. Estar en paz conmigo misma para así transmitirla a los demás. Optimismo para encarar aquello a lo que no vea fácil salida.  Agradecer cada día todo lo que la vida me de. Condenar a la oscuridad más absoluta todo aquello que destape lo peor de mi, que procuraré sea mínimo.

Debo rellenar el color gris y me detengo indecisa. No he de olvidar la salud del cuerpo; correr, caminar, nadar, adelgazar. Bebo poco y no fumo. He de recordar la del alma aunque a veces se me  despiste. Ahí estará la paz, la tenacidad y por supuesto la felicidad. No todo será blanco ni tampoco negro, lucharé con todas mis fuerzas para disipar cualquier vestigio de color gris.

 

 

Feliz Navidad

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Nada está cerca, nada está lejos.

Lo importante es que, vosotros ahí y yo a este lado estemos ahora leyéndonos.

¿Mañana? Del mañana no sabemos nada. Por eso seamos felices aquí y ahora.

Que mis deseos de Paz y Felicidad lleguen hasta los ojos de vuestra

pantalla. Y si no los veis buscad en esa Nube tecnológica, que ignoro en

qué galaxia se encuentra,  en donde dicen aparecen todas las cosas

extraviadas.

FELIZ NAVIDAD

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Siéntate a mi lado

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Tu estarás allí y yo estaré aquí. Seguramente te encontrarás solo y hasta es  posible que  no tengas casa propia y te encuentres en algún lugar menos acogedor. Es muy probable que  estés triste y te sientas incomprendido y a pesar de eso yo no haga nada.

Yo podría encontrarme contigo donde quiera que estuvieses e intentar comprenderte, pero no sé qué circunstancias hacen que aún permanezca en mi mundo cómodo.

Sé que zozobras de incógnito en muchos lugares que desconozco y que no hago por encontrar porque en mi egoísmo, la mayoría de las veces, no me muevo de dónde estoy.

Estoy anquilosada en una atalaya que no me deja ver todo lo que pasa ahí abajo, que es mucho y triste. Decimos demasiadas cosas que posteriormente nos traicionan, en estos días sobre todo y no sé si nuestra mente es consciente de ello o no.

Y esto no puede ser hoy una historia triste, sino un halo de esperanza para todos los que deseamos estar allí con vosotros, donde quiera que estéis y quienes seáis.

Así una de estas noches voy a poner una mesa grande en donde estéis todos. Dicen que soñar un sueño es perder otro, pero vale la pena intentarlo. Y para que tú no vengas iré yo a través de los crepúsculos diversos. Iré más allá de las imágenes que desgraciadamente estoy viendo estos días y cuando te encuentre, tan solo te diré una cosa…”siéntate a mi lado y cena conmigo”.

Aquella Navidad

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Cuando mi hermano y yo éramos pequeños nos alegraba mucho la llegada de la Navidad, como a todos los niños, pero aún más nos emocionaban los preámbulos. El día que se iniciaba el periodo de vacaciones, siempre previo al día del sorteo de la lotería, ya habíamos planeado instalar el belén. Y como teníamos la enorme suerte de tener dos tías maestras de vocación impagable, esperábamos su vuelta a casa para que sirviéndose de su experiencia en el colegio con sus alumnos nos ayudasen a ello.

El cielo ocupaba más o menos dos pliegos de color azul de aquel papel recio que utilizábamos para forrar los libros y sobre el cual dibujábamos con tiza algunas estrellas. No brillaban como lo hicieron con posterioridad las que recortábamos en papel aluminio.

Tres trozos de corcho constituían la estructura del portal. En el otro extremo y previa infraestructura de una montaña confeccionada con un montón de periódicos arrugados sobre los que colocábamos riscos recogidos cerca de los raíles del tren, se erigía majestuoso el castillo del rey Herodes.

El camino que de allí partía iba a desembocar directamente al portal de Belén. En  centro un río cuyo nacimiento y desembocadura se adivinaban. Una tira plastificada soportaba algo de agua que debíamos cambiar cada dos o tres días porque se evaporaba.

Y desperdigados por todo el entorno los pastores, con o sin carga alguna, ovejitas, cerditos, burros y otros animales. Casitas de corcho desprovistas de luz, un puente  y un molino. Todo orientado hacia el portal donde Jesús, María y José resguardados del frío por la mula y el buey esperaban la llegada de todos los que avanzando cada día arribaban allí el día 25 de Diciembre. En último lugar los tres Reyes Magos a lomos de sus bien pertrechados camellos.

Todo ello sobre un lecho de musgo natural que arrancábamos del huerto de una casa vecina, así como hierbas y flores que asemejaban un vergel fructífero.

Un tablón viejo y apolillado servía de soporte para todo el entramado que se hacía rematar en sus bordes por una colgadura a modo de falda.

En el trabajo del cabeza de familia no se hacían comidas de empresa, ni tampoco había que preocuparse de los regalos de Papá Noel que hoy instan al consumo.

Cena de Nochebuena degustando un caldo de pepitoria calentito que mi madre por un lado y el pavo por otro se habían encargado de pergeñar. Turrón del blando y del duro junto a los mantecados hechos en casa se encargaban de poner el broche al postre.

Y a las doce de la noche acudir a la misa del gallo en donde el oficio religioso se mezclaba con los villancicos de rigor. Eso sí los que permanecen con sus letras y música intactos hasta el día de hoy.

Otra Navidad fue posible sin tener nada más que lo justo y necesario. ¿Somos ahora más felices? La felicidad es algo intangible y subjetivo que en los tiempos que corren colocaríamos en una balanza sin saber de qué lado se inclinaría.

El túnel anegado

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Hace tiempo que supe de la existencia del famoso túnel y siempre procuraba evitarlo. Había que tener precaución en su inicio porque se formaban grandes balsas de agua y era obligado aminorar la velocidad so pena de hacer aquaplaning y perder el control del vehículo.

La mañana se había presentado con una sólida niebla gris que hacía disminuir bastante la visibilidad acompañada de una lluvia copiosa que arreciaba cada vez más.

Apagué la radio, me pareció que la música interrumpía mi capacidad de atención y me propuse estar atenta a la conducción. Oí entonces como mi corazón golpeaba, me detuve y escuché sus latidos. Me decían que regresase que no era momento de transitar por aquel lugar, que ya tendría tiempo.

Mis palabras morían entre la niebla  y la lluvia, mojadas, frías, desnudas. Yo quise encontrarte  entre aquellos paisajes grises, entre esos cielos desolados, entre mis esperanzas desanimadas, pero solo pude palpar una languidez, un mareo y un angustioso afán de enderezar mi rumbo y seguir conduciendo.

Desconozco qué circunstancias hicieron que no transitase por ese túnel anegado.