La espuma revuelta por los vientos

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Ella sabe que se siente querida y tiene sus motivos. También conoce que por algunos y de forma equivocada es denostada, agraviada, insultada. Igualmente es consciente que muchas veces lo suele poner difícil porque es así de caprichosa.

Directamente no pide disculpas por nada, sea cual sea su comportamiento porque da por hecho que debemos ser nosotros los que hemos de dar jirones a nuestra inteligencia.

Me colma de alegrías, pero también de dolores, de miedos, de incertidumbres. Es protagonista de mis ilusiones, de mis sueños, ignorando muchas veces, o no, la cruel realidad con la que me obsequia.

En ocasiones dialogo conmigo misma, le hago guiños de múltiples maneras y una vez las nubes se disipan y veo con claridad, observo que es capaz de desvanecer bastantes ilusiones. Envidia ajena cuando oteo felicidad a raudales en proximidad, pero no pasa nada.

Quiero y deseo creer en ella, aunque nadie me enseñó a tener el coraje físico de hacerle frente porque esto ya lo trae implícito cuando la vemos por primera vez.

La vida, por ser como es y a pesar de marcharse siempre de improviso,  resulta fascinante. A estas alturas de mi vida ya no tengo la intención de negarle nada, absolutamente nada.

Las emociones de media tarde

img_9774La imaginación al igual que la vista evoca muchos paisajes sentimentales. Te lleva más allá de lo que tu retina alcanza a ver. Mucho más allá.

Y hoy mi corazón se deja persuadir por esas pequeñas emociones que constituyen la trivialidad del día a día y que por sí solas no significan nada.

Ese petirrojo que ayer se coló de rondón en mi salón, sin saber por qué. Quizás me quería decir algo, no sé.

Esa caricia que percibo en mi alma, no con los ojos de nadie sino con las palabras de aquellos que a pesar de las dificultades siguen amando la vida.  img_9738

Esa infinitud del mar, que nostálgico, aún se mantiene en esa tímida quietud veraniega.

Una pequeñísima  muestra de que con esas pequeñas cosas se puede ser feliz. Los cielos se entreabren y solo es necesario…pasar.

Como un suave relámpago

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Mi corazón ha descendido de nuevo desde las alturas sin haber escuchado nada. ¿No decían que la queja de aquí abajo era circunstancial y que mas allá existía un precioso e idílico lugar llamado cielo? Me detengo en la duda si en algún momento estuve allí aún cuando a veces me pareció oír el susurro de las nubes, la música de los dioses y ese trino de los pájaros que vuelan alto. Craso espejismo.

Me engañé con esa esperanza. Lo he invitado a que vuelva para que me haga de nuevo compañía y que vuelva a arroparme sin sobresaltos, pero la esperanza de la vuelta al paraíso aún subsiste.

Sé que yo no seré nada más que un recuerdo vago e impreciso en el pensamiento de alguien, pero algún día transitaré por esos firmamentos en los que no se ha de llevar nada, tan solo ese amor inmenso capaz de derribar montañas, tejer sueños y surcar mares, porque el corazón jamás permanece inmóvil y el alma se resiste a enmudecer.

Lejos del ruido

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Las circunstancias te han traído de nuevo por aquí. A este tu rincón Mediterráneo que alguien calificó como la ciudad del paraíso. Este techo azulado que se extiende  sobre nuestras cabezas, con su sol, su luna, sus estrellas.

Con la mirada al frente y adelante siempre, con ese espacio que se extiende ante ti, inmenso, sin límites.

Me consta que allá en las profundidades de tu alma, te preguntas a veces que por qué la noche cae y a veces el día no continúa. ¿No será para atraer tu atención sobre la luz que brilla en la oscuridad y que esta no sabe comprender?.

Tú, medio filósofo, medio poeta y algo guerrero también sabes que la vida es un movimiento legítimo hacia la felicidad y en eso estás aunque a veces se te resista, como a todos.

Quisiera invitarte esta tarde a que pasees conmigo,  no te preocupes si tus fuerzas aún flaquean, yo te ayudo, por ese espigón de poniente por donde paseo muchas veces en una tarde de otoño con este sol a punto de marcharse  y con esa luna pendiente de llegar.

 

Otoño…

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…con esperanzas renovadas de que los ocres, los marrones, los amarillos, sean un arco iris total.

…para espantar demonios lejos, muy lejos.

…de cielos, de horizontes, de sueños.

…con fuga de noches tristes, de horas en guardia sin nada que aguardar.

…para olvidar torpes estruendos sin orden ni sentido.

…con esas ventanas abiertas por las que dejar entrar el aire nuevo, la hierba fresca, la noche temprana.

…para reconstruir ideales desmadejados, con ilusiones aún por estrenar.

… con el amor siempre en el horizonte, aunque le esquivemos o nos persiga.

…en la inspiración también, que es todo lo que oigo, lo que veo, lo que siento, lo que imagino…

 Otoño…todo eso y mucho más también.