El sueño en sus manos

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Está oscuro, hace frío  y hay silencio. A veces se llega ahí  en momentos inoportunos y siempre por aquellos caminos por los que nadie desea transitar. Brilla una luz casi cerca del cielo y aparece él. En sus manos, tu corazón, tus pulmones, tu cerebro…Dormir para que no duela.

Y para que la vida te vuelva a cansar, él te trae también tu despertar. Esas manos expertas, sabias, profesionales e imagino a veces sensibles que harán vibrar de nuevo un motor apesadumbrado obligado por circunstancias a circular un trayecto corto en ralentí.

En sus manos…la vida. En las de ella un puñado de sueños desperdigados. Una conjunción difícil.

PS. Mi admiración por la labor de todos los anestesiólogos.

Con ella

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Va siempre con él. Sabiendo que el entorno no siempre le pone las circunstancias en bandeja se enfrenta a todo y a todos por no querer abandonarla y eso le hace sufrir demasiado. No entiende que siendo generalmente conocida no les sirva a todos por igual.

Quiere mejorar, progresar, pero no sin ella. Considera que con su ausencia se vería empobrecido y egoísta. No quiere recelos ni zancadillas y mucho menos apuntarse méritos ajenos a los que muchos de los que no la llevan son proclives.

El nada más quiere los éxitos suyos, los que van con ella, todo lo demás es accesorio porque yendo juntos su proyecto vital será completo. Y en esa utopía está aunque para muchos sea un idealista trasnochado.

Su deseo es ser feliz con su actividad porque le gusta y no sabe hacer otra cosa, pero sin abandonarla, la que es única e intransferiblemente suya, su conciencia.

Entre un mar y otro, el océano

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Ella tiene un mar. El posee el mismo. Ella lo abraza cada mañana como queriéndolo reservar en exclusiva, pero ve que después es de muchos. El lo venera desde lejos porque no siempre puede acompañarlo, pero palpa cada uno de sus latidos como si le fuera su vida y la de los demás en ello.

Mientras la vida no me canse dejaré que el mar esté a mi lado, aunque sus rizos blancos se desparramen por la orilla y mueran.

Mientras le dejen, él seguirá acunándole a pesar de diques, espigones, y tormentas. Y el mar se irá porque nunca está quieto, viene y va.

El mar; el suyo, el mío, el de los dos, seguirá ahí aún mediando un océano.