Adicciones y trozos

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Unos se fueron y se llevaron un trozo. Algunos desaprensivos lo tiraron al suelo, se resquebrajó por alguna esquina, pero se recompuso.  A otros les basta una porción pequeña para ser felices y están orgullosos de él. Los menos, probablemente vendrán y lo saborearán mejor aún.

Saco a la luz el flujo de sensaciones que llevo en mi interior y la magia que alcanzan en mí las palabras es adictiva. Sentir para escribir.

Yo pienso las cosas, las escribo y después mi corazón habla por mí. Y la palabra cansa, agota. A veces me resulta fría y su tono de voz no me gusta, preferiría un te quiero dentro de un susurro arrastrado, pero no llega, así la balanza se desequilibra y no acierto a nivelar los trozos en un lado con la mesura en otro.

Yo lo cuido mucho y aunque tema que se me rompa entre los dedos, dejo que siga teniendo adicciones.

Seguir estando

imageComo dijo el poeta… “Dímelo si sabes, dímelo si puedes”, de qué suerte unas simples palabras pueden convertirse de orugas en mariposas.

Dímelo aunque no lo escribas porque mis locas sacudidas volverán las teclas de revés y lo que pudieras decir tal vez lo intuya o yo lo imagine en esos sueños diurnos en que mi vida a veces está.

Ya no tenemos tiempo, no tenemos casi nada así que debemos cuidar lo poco que nos queda. Al otro lado es posible que haya vida, que exista felicidad, que aún conmuevan sentimientos; nosotros vamos muriendo un poco cada día en este.

Mira estas líneas que en desconcierto y atropelladas en este momento me salen, aunque su esencia no siempre conseguida, sea en poco decir mucho, pero eso tú ya lo sabes.

Yo sigo estando en las distancias cortas como esta y en las largas también.

El cielo no es de hormigón

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Simplemente paseaba. Era un hermoso día para respirar aire limpio. El suelo parecía crujir a cada una de mis pisadas. No había ido nunca por aquel paraje, pero a tenor de lo que me habían contado era aún más bello de lo imaginado.

Seguí avanzando con cautela porque el camino seguía siendo dificultoso, a pesar de haber tomado un atajo recomendado por sus buenas condiciones de asfaltado. En el camino me pude encontrar con gente que creí reconocer, pero sin ponerle nombre ni cara.

Creí entrever que a todos nos sucedía lo mismo. Se nos hacía difícil andar con cierta rapidez. O nos pesaban los pies o era la naturaleza del piso por donde circulábamos.

Me dispuse a averiguarlo, cuando al final del último bosque frondoso de nubes descubrí una señal de tráfico en donde pude leer algo así como…Circulen con precaución, el cielo no es de hormigón.

La tozuda ortografía

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No son las Perseidas de estos días, son los signos de puntuación que yo considero como estrellas cuando las palabras enamoran. Con algunos yo deseo hacer mi ortografía particular en una gramática más o menos correcta.

La exclamación, la alegría por el reencuentro, por la emoción. La interrogación siempre esa duda. El descanso, ese ansiado y merecido descanso, un inciso entre paréntesis que aunque haya que cerrarlo para que tenga sentido, en ocasiones yo desearía hacer muy largo y plácido.

Entre comillas ya encierro y archivo muchas cosas, tal vez demasiadas y los puntos suspensivos que siendo solo tres se me hacen a veces largos, muy largos,  en esos días en que algo o alguien no aparece o está perdido.

Y yo que no sé cómo hacer para escribir el siguiente párrafo, cada día más difícil, detrás de mí punto y aparte.

Atisbo de realidad

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Dicen que no se puede crear nada sin un atisbo de realidad. Y aunque yo quisiera quedar bien, tampoco me saldría un relato más o menos correcto porque el corazón manda y mucho.

Se dice que se vive con los sentimientos, pero se muere sin ellos. Forman parte de la vida, probablemente no de la vida de muchos.

Un héroe romano decía que nunca se está más acompañado que cuando se va solo y que nunca se habla más que cuando se calla o se escribe poco.

Yo voy sola y hablo poco, pero las palabras también se enamoran, sienten y sufren. Y detrás alguien que nunca imaginó que por estos universos pudiesen existir sentimientos, emociones, tristezas y alegrías que, geográficamente, están lejos, muy lejos.

Y a veces, como decía Séneca, la filosofía, que yo denominaría aquí y ahora con el calificativo de 2.0, también es necesaria para la felicidad.

Al sur de las estrellas

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Imagen de la Red

Dicen que van a llover estrellas. Cuentan los que de esto saben que son generosas en deseos imposibles. Yo, que me paseo muchas noches debajo de ellas no debo entender su mensaje porque me tienen algo olvidada.

En mi enfado por esa actitud tan desafiante que tienen conmigo, yo me alío con ellas y me las bajo a mi terreno. Vienen a hacerme creer que el mundo es mas extenso de lo que tenemos delante. Cuando reclino mi cabeza sobre el respaldo de la silla, me golpea el cielo y me dejo acariciar por ellas, pero sus abrazos no son más que eso, ligeros toqueteos en mis noches troceadas.

Ellas desean hacerse entender de la única forma que pueden; llorando sobre las esperanzas y anhelos de quien cree que la vida es algo más que los recuerdos puntuales de unos dioses negligentes.

¿Dónde están los que decían ser?

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Más allá de las curvas que hay a la vuelta de la esquina, creía pensar que seguían existiendo destinos añorados, destinatarios queridos e imágenes recordadas, sin importar el lugar ni las circunstancias en que yo estuviese.

Miro el mar y sigue siendo el mismo. Oteo el paisaje y nada está ni cambiado ni escondido porque todo sigue ahí.

Entonces…¿Por qué aquellos que tan bien conocían el lugar se habían olvidado de situarlo en los mapas? Solo le encuentro una explicación; que sin darse cuenta, hubiesen olvidado el verdadero sentido de la amistad, el amor sin intereses y el aprecio sin precio, entre otras cosas. Los arcenes suelen estar llenos de objetos perdidos o despreciados.

Es posible que esté contando cuentos o que no haya sabido medir distancias no siendo cartógrafa. Es muy posible.