Yo también me inspiro en Faulkner

imageSin amor, sin honor y sin orgullo,

sin emoción y sin complicidad

la poesía no tiene sentido. 

El deber del poeta es escribir

sobre la compasión, la fortaleza

y la debilidad, sobre el espíritu

de sacrificio (que redime al mundo),

la piedad, el coraje, el heroísmo. 

Y su voz no ha de ser solamente memoria,

sino también  columna en que se asiente

la condición humana, fundamento

       que alivie su temor al vacío, mitigue

su angustia y vierta luces

en su noche perpetua. 

L.A. de Cuenca “Inspirado en Faulkner”

De su libro ” Cuaderno de vacaciones”

Casi todos los días volverán a ser grises, a pesar del estío, del sol ardiente y del bullicio de alrededor. No se va lo que siempre permanece. Estás todavía como ese aleteo suave y persistente que susurra en mis oídos  aunque no digas nada.

Espero que mis palabras, aparte de enganchar, enamorar, atrapar, susurrar y  cortejar, también consuelen.

Deseo aliviar tu temor, mitigar tu angustia y que la vida, tu vida, a pesar de sus vicisitudes tenga algún sentido para ti.

Yo también me inspiro en Faulkner.

 

 

 

 

Un corazón cansado

 

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Está cansado, muy cansado. Lleva ya algunos años en la línea de fuego y en ese lugar es muy fácil quemarse. La guerra de trincheras ya no existe. Ahora se va a calzón quitado. Será por eso que él sufre en exceso, a veces por lo más nimio.

No padece enfermedad incurable alguna, por suerte ni siquiera la coronaria. Le exijo por lo menos que si bien necesita sanarse, no produzca al menos dolor. Él desea seguir dando amor y no solo palabras, pero a veces no le dejan.

Busca refugio en donde mitigar su cansancio y eso le ha hecho trasladarse de un lugar a otro para no encontrarse tan perdido, aunque a veces quiero pensar que no se va, que sólo se toma su tiempo.

 

Las gafas retro y el sombrero panameño

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Y detrás de ese atuendo tú. Con traje de descanso, la amistad del brazo y la utopía como sueño. Pero llevas algo más contigo, tu propia felicidad, esa que todos buscamos sin saber que ya la traemos puesta.

Así que es inútil que la saborees porque el problema no está en ti sino en los demás. No conseguir descubrirla y entre ambos disfrutarla.

El paseo tal vez haya sido largo, algo cansado y con una realidad visual como para soltar lastre, pero seguro que habrá merecido la pena.

Las confesiones bajo la abrasadora canícula tienen la ventaja de que teniéndolas que resguardar del sol para evitar que se derritan, al llegar a casa se analizan con algo más de frialdad. Sin gafas y sin sombrero.

Un momento cualquiera

Hace rato que el sol se ha hundido tras el horizonte. La brizna de brisa que el mar ha dejado parapetada en la orilla se ha quedado conmigo. Así ha sido más fácil remover los pensamientos que dejarlos en total quietud.

Yo voy a fenecer cada tarde a esa playa, allí el agua arrastra todos los sueños perdidos. Y mientras el barco diario se va un día más tras la línea del horizonte y en un diálogo sordo de querer pensar en otra cosa, he cavado con mis pies un hoyo en la arena y he enterrado un trozo más de mi vida.

No llevaba teléfono e iba hablando sola. Algunas personas me han mirado extrañadas. Yo soy de poca gente. Tal vez he tenido un diálogo con mi otro yo. Conecto muy bien con él. Sólo he buceado en la profundidad de mi alma. La vida es un momento cualquiera.