Valentía en soledad

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Y vuelvo de nuevo. Sí, como un boomerang, como te dije en una ocasión y me recuerdas de vez en cuando. Y no porque yo quiera, que también, sino porque quiero estar contigo, no como piensas, sino como te mereces.

Este espacio me permite ampliar lo que te dije anoche, sin darte oportunidad a que me contestes. Sólo léeme. No van a descuartizar tu verdad y tu tesón porque frente a ello está el cariño de todos los que te queremos aún cuando te toque a ti sufrirlo. Tú eres el dueño de la herida como titula uno de los libros de Antonio Gala.

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Y no basta con sonreír para que el mundo se pliegue a ti o te haga sucumbir, simplemente hacer lo que haces, nada más. Jugarte tu yo entero frente a todas las cosas. Esas serán todas tus armas. Los demás y lo demás solo podrán  acompañarte a que no lo hagas solo. Y no hago de esto literatura como puedas pensar. Espero que ya me conozcas un poco. Es solo lo que mi corazón piensa aunque él hable solo y no tenga Whatsapp para decirlo de forma más intimista.

Así que frente a tus insomnios, frente a tus pensamientos solos y quebrados, frente a la sinrazón, piensa que tú no estarás nunca solo, tu valentía es tu mejor compañía.

 

Mis queridos fantasmas

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Siempre me gustaron las películas de suspense y miedo. Será por eso que últimamente me persiguen fantasmas. No muchos, pero algunos. Debo ejercer una especial atracción para ellos. Sin embargo los tiempos han cambiado y ya no son lo que eran. Se han vuelto muy desconfiados y eso que yo me dejo querer.

Solo uno de ellos se ha dejado ver. Insistió bastante. La curiosidad por bucear en lo desconocido me atrapó sin saber por qué. Al final, como muchas cosas, resultó que solo tenía fachada y una vez despojado de su característica vestimenta, la chapa y pintura ocultaban un motor bastante trucado.

Hay otros tres que merodean por ahí y no acierto adivinar dónde se ubican. Pueden estar en la terraza porque hay noches que percibo pasos sobre el techo de mi dormitorio, otras que no consigo discernir si los ligeros temblores del suelo que provienen del sótano son sus pasos o avisos sísmicos, algo a lo que estamos acostumbrados. No sé. Lo cierto es que están, pero no quieren dejarse ver. Deben ser algo tímidos o bien que yo no les inspire suficiente confianza.

A uno le gusta el juego. Aparece a hora fija y cuando estoy a punto de descubrirle desaparece de mi georradar, no dando tiempo a que ubique su situación exacta. Así no hay manera.

Hay otro que, amparándose en los entresijos de su extensa prosa, no necesita escondrijo alguno. Se pasea a cualquier hora del día o de la noche por delante de casa. Toca la pequeña campana que hay a la entrada del jardín, pero cuando acudo allí ya no está, pero eso sí, siempre me deja un mensaje escrito entre las rejas de la verja. Nada comprometedor. Siempre caballeroso, educado y bastante poeta.

Y el cuarto me tiene fascinada. Yo a él, a juzgar por los hechos, no. Él a mí me quita el sueño ya de por sí bastante precario.

Yo los quiero a los cuatro. Ellos sin ser conscientes de lo que hacen, dan a mi vida ese toque de locura y fantasía que me sirve para sobrevivir. Y lo más real de todo es que no me son del todo desconocidos, tienen nombre y apellidos.

Causalidades en la biblioteca

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El que no ama siempre tiene razón: es lo único que tiene”

Es una pena que esté un día más sin decírtelo. Tú ya lo sabes porque lo has escrito. Yo retuve la frase en mi memoria queriendo no olvidarla. Esta vez no la guardé en ningún post-it amarillento ni tampoco recordé si tú, como autor del post,  nombrabas a su autor. Seguramente sí, pero el historial también falla cuando decides buscar algo concreto.

Me vi sorprendida y algo aturdida por ese pensamiento que con pocas palabras, decía mucho. Me dispuse a analizar el texto dejando la imaginación al albur de las palabras leídas, sin pensar por un momento en la búsqueda del contexto.

Dejé la frase aparcada en el buzón de los versículos pendientes y seguí con mi rutina.

Anoche, viendo ya fenecer la luna que nos ha acompañado en este solsticio de verano, y buscando esa frase, ese verso o ese poema que me despida del día y que invite  a soñar con el amor para llevarla al muro de mis pensamientos en Facebook, me fui a los libros queriendo buscar algo, nada concreto y entre unos cuatro mil más o menos, mis manos se fueron directamente a él, a mi querido y admirado Antonio Gala.

 Me cabe que las casualidades también pernoctan en la biblioteca y así sucedió. ¿O serán causalidades? Puede que sí, dicen que en esta noche de San Juan puede suceder todo, o tal vez nada, pero es tal y como te lo cuento.

Es cierto que los que amamos actuamos sin saber lo que hacemos, será por eso que muchas veces vamos en fiel compañía con la locura.

Antonio Gala, efectivamente es un enamorado, de la vida, del alma humana, de la prosa, y de la poesía.

 Antonio Gala

(Pág. 136 “El águila bicéfala” Textos de amor)

 

 

Un agujero en el bolsillo


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No diré que fue así, así, pero casi. Aquella mañana había madrugado y el tiempo, ese que siempre está ahí menos cuando se va, me dio la oportunidad de ir a ver salir el sol allí en la roca del espigón de Levante. Él siempre me había dicho que, si algún día me decidía volver, me esperaría en aquel lugar.

El olfato es una vista rara. Yo lo olí, él no estaba. Pensé que la ausencia lejos de deformarse por sus circunstancias y dar de sí, encogería y aparecería en breve. No fue así.

Y todo el espacio se detuvo, se expandió el silencio, los remolinos del mar sortearon las rocas a modo de danza sensual bajo el sol del amanecer. Y la espera se me tornó larga, y me impacienté, y me pregunté y no quise presuponer, y mil conjeturas hice que no me llevaron a ningún sitio.

Y el saludo al sol se quedó encajado entre mis manos durante horas. Cuando el día empezó a desnudarse, volví a casa. Acallé mi tristeza, mi desolación, mi angustia. Mi caprichoso destino, ese que siempre hace que se escape el amor de mi bolsillo, volvió a hacer de las suyas; volver de revés la faltriquera de los sentimientos desparramándolos por el suelo.

No diré que fue así, así, pero casi.

Andamios y escombros

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No consigo hilvanar nada. Las palabras parecen quedarse atrapadas entre las teclas. Quiero volcar aquí pensamientos reales y las imperfecciones de mi cerebro me lo impiden. Yo no le pido a las cosas nada más que eso, que sigan siendo cosas, pero…¿qué pasa cuando lo que nos pasa son emociones y sentimientos?

Todo es un mismo misterio imposible de describir escribiendo. Así me acojo al silencio de la noche para abrir la cancela de todo lo mejor que hay dentro de mí para pergeñar, porque sé que puedo y quiero, todo lo que un hombre bueno, inteligente y sencillo merece. Todo esto antes que volver a ver mi corazón desescombrado.

El viaje y la metáfora

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Fotografía de Joana Biarnés

Hay una frontera difusa entre el sueño y la vigilia. Esa que cruzamos cada noche, unos con mas pericia que otros.
En la espera me dejo siempre acompañar por un libro, y si este se me resiste, no en su temática, sí en la impresión que muchas veces me resulta dificultosa, recurro a poner en orden las ideas, dejando constancia de ello en el mejor medio que tenga a mano.

Así cuando escribo lo que sueño y lo leo a la mañana siguiente me extraña sobremanera porque me resulta haber vivido lo soñado o puede que sea al revés.

Durante mi viaje nocturno hago varias paradas, no sabiendo exactamente si hay alguien que se haya apeado durante el trayecto o si por el contrario ha habido algún “autostopista”, figura hoy en extinción, que se haya hecho viajar sin billete.

En otro momento me agitan los latidos de mi motor vital, recordándome que si falla no tengo repuesto, pero que siempre que ha rugido lo ha hecho por dos cosas, el amor y la vida.

A intervalos inconexos revolotean a mi alrededor mis queridos fantasmas. Tampoco duermen. Vuelven cada noche a las andadas. ¿Nunca descansan? He pensado en echarlos fuera, pero huyen del viento y la humedad. Si me dejara llevar por ellos ya estaría muerta.

Casi llegando a mi destino me asaltan dudas si una vez allí tendré la oportunidad de sacar billete de vuelta.
Nadie sabe cuando, entre la vida y la muerte se vaya a interponer un abismo, pero mientras, sea como sea el viaje, disfrutémoslo. Las metáforas son solo eso, metáforas.