Desnudarla no fue suficiente

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La arropé todo lo que pude porque aún hacía una brisa húmeda. Ya habíamos desandado el camino que nos había llevado hasta el espigón de poniente, allí  donde el sol se despide cada día. Me había desecho del género epistolar achicando sentimientos en una barca ya algo deteriorada y con agujeros en su quilla.

Llegamos a casa y aún con frío en el cuerpo le quité la ropa para mostrársela tal cual era. Sin artificios, sin corsés, sin ataduras, tal vez con algo de miedo, pero sin dar pábulo al tremendismo. Verla así me liberaba, pero olvidé una cosa, no había sido capaz de darme a conocer contigo y fui consciente de que aquel despojo precipitado no me haría bien. Desnudar el alma es algo más que quitarle la ropa a la melancolía.

Hasta aquí

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Hace tiempo que ya di estas cartas por encabezadas. Lo daba por sobreentendido. Desearía seguir como hasta ahora, pero no puedo. Hay algo que me impide avanzar, algo así como llevar piedras en los pies. Mi salud física y mental me lo impide. Todo está en mi cabeza y la conexión con lo que mis palabras pudieran dejar por aquí está muy debilitada. No llega señal alguna.

Necesitaría tu ayuda, pero estás lejos, muy lejos. Tanto que no hay constelaciones que puedan unir ni tan siquiera tus palabras a las mías y eso que tenemos más medios que nunca, pero los silencios son tan fuertes que debilitan cualquier acercamiento. No me voy del todo porque nunca llegué. Así pues estoy donde siempre. Me encontrarás cuando desees buscarme.

Gracias a todos los que habéis estado aquí, por leerme y comentar, gracias a MC por visitarme a diario y gracias por supuesto a ti, destinatario de mis cartas, protagonista indiscutible de mis desvelos y mis angustias. Yo creía, equivocadamente claro, que estas líneas podrían ser sin pretenderlo, un vehículo más de acercamiento, pero han sido todo lo contrario. El silencio entre tú y yo ha sido cada vez más espeso. No debiste temer nada porque nada me propuse, ya te lo dije al principio, lo escrito lo he hecho con enorme placer e ilusión. He descubierto amigos fantásticos, excelentes, que seguirán estando porque no deseo se vayan nunca. Los seguiré de una forma u otra.

Nunca se debe cerrar algo definitivamente, salvo una cosa claro está, así que la puerta queda entornada. Y como dicen que tengo el corazón más grande que el habitáculo que lo encierra, hay mucho cariño y amor por entregar. El que os he dado y el que encontraréis cuando de alguna forma me busquéis.

Mientras, la lluvia cae constante, lastimera, silenciosa… sólo enfría el cuerpo, el alma permanece intacta.

Hasta siempre.

Paisajes perplejos

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Percibo mi soledad como un transcurrir del tiempo que se desangra gota a gota aunque ninguna de las gotas las oigo caer. Emborrono este espacio cuando ya el aleteo de mis pestañas casi me hacen cerrar los ojos. Te enviaré esto mañana, que ya es hoy.

A estas horas atravieso tiempos, mundos y me pierdo en la irrealidad de los sueños. La vida  vendrá presumiblemente mañana, cuando ya el ocaso de la noche se vaya por los tejados. Y para alguien que como yo hace de lo onírico su vida, las cosas más mínimas constituyen un universo de sentimientos.

Esas sensaciones me sirven para dibujar al día siguiente una sucesión de paisajes perplejos que no determino a analizar. El quiero y no puedo de mi vida con un continuo discurrir de días en ese color amarillo de primavera que envuelve una falsa felicidad. De sucesos nimios que no me es fácil repeler, de algunos más complejos, ninguno que no se pueda recomponer, pero que me van corroyendo poco a poco. Y me pregunto si vengo, si voy o he soñado que he vivido.

Esos paisajes que yo deseo adornar y compartir de alguna forma contigo, pero que he de hacerlo en soledad. El amor es así. Ridículo. Ilógico. Tonto. Pero…¿qué es la vida si falta amor? Mañana un paisaje imperfecto y esta noche un cielo con frases desperdigadas a modo de estrellas.

Buenas noches con el más sincero de los besos.