Madrugada en soneto

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El misterio del estado de mi alma renace cada noche cuando los espacios se llenan de silencios y las superficies se vuelven transparentes.
No hay vidrieras que aíslen instantes, no cubren los visillos los cristales, no se oxidan los cerrojos y las llaves huyen de cerraduras atrancadas. Pero el corazón va en busca de un soneto cercano. Nada verdadero que nos una. Ni un instante, ni un recuerdo, ni un sueño de nada.

Préstame  tus versos, que deseo hacerlos míos, Manuel Alcántara…

Ocurre que el olvido antes de serlo
fue grande amor, dorado cataclismo,
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? Mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?;
amar son cercanías de uno mismo,
como siempre, rodando en el abismo
se irá el amor, sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío,
cumpliendo años irás en mi memoria
viviendo para ayer como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos solo historia,
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

Mira qué cosa tan rara:
Pasé la noche contigo
Estando solo en mi cama.


“Soneto para empezar un amor” (Manuel Alcántara)

Buenas noches con un beso susurrado como siempre.

Mi corazón todavía

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Un corazón solitario no es
un corazón ” (Antonio Machado)

Mis horas, tal vez al contrario que las tuyas, desfilan tercas, sordas y mudas por esas extensas praderas florecidas en donde reflotan cada primavera los sueños enardecidos de aquellos que aún creemos en el amor.

Si alguna vez tus sonidos y los míos pudieron mezclarse en una melodía más o menos acorde, hoy lejos de toda partitura al uso, mi amistad para contigo está solo en un débil proyecto soñado.

Y te necesito más que nunca en tiempos en los que cualquier balance que pergeñe seguramente resultará desolado, desnortado ó trastabillado. Sabes de más que lo digo sin egoísmo y sin una actitud terca o testaruda. No soy de esas.

Pero deseo seguir ensayando una buena melodía para ti. Y vengo, y me quedo, y estoy, sin hacer más de lo que hace tiempo llevo dejándote con este corazón que no está solo, aunque de soledades te escriba.

Y esos sentimientos que duelen y que son tan absurdos, los recojo cada día que pasa aunque me dejen el corazón en jirones, para continuar ignorando esa tristeza que deseo olvidar.

Un beso con otro aire. El de mi inmenso cariño hacia ti. Buenas noches

Nubarrones de primavera

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Aquella tarde ya había sentido el gélido aire del atardecer acariciar mi rostro como cuchillas. La cabeza próxima a estallar. Solo deseaba descansar…aquietar la inquietud de unos días convulsos y sobre todo dormir. Sentía frío, mucho frío.

Hace días que te escribí la última, pero he perdido la noción del tiempo. A veces las palabras se sueñan y me ha podido ocurrir. El barco de mi vida ha debido naufragar allí por donde las ventanas encajan, en ese marco lleno de polvo y migajas de vida. Imponderables lo llaman.

Y no sé si describirme con imágenes o alucinaciones. Mientras te buscaba y me encontraba, oía ruidos, zumbidos, gorjeos lejanos y voces apagadas sin saber su origen.

Debo seguir el rastro de mi misma y dejarme envolver de nuevo por imágenes de gaviotas, de arena, de olas, de primavera, de vida, de esperanza. Volver a creer en cualquier paisaje y no lo digo porque crea como Amiel que “el paisaje es un estado del alma”, no.

Pero me siguen doliendo muchas cosas inexplicables, tú entre otras, sigues sin querer asomarte a mi tiempo oxidado, pero ya tengo asumida la idea de que tu y yo somos seres impersonales que solo existimos en huecos diferentes de nosotros mismos.

Hoy ya tengo conciencia del cielo aunque lleve unos días que no lo mire porque ha habido nubes como madejas descoloridas, que no me dejaban mirar hacia arriba. Y la felicidad no está solo allá, también acá, en nosotros que somos el vehículo perfecto para conducirla.

Feliz domingo.

La caja de lápices y las cuartillas desarboladas

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Siempre  llevo conmigo “armas “ para el desasosiego. Son mis lápices, mis bolígrafos, incluso una estilográfica, hoy día casi pieza de museo. Así atrapo los pensamientos que merodean a mi alrededor todo el día. Mis cuartillas pueden ser cualquier cosa, una pantalla, una esquina de un periódico, una pequeña agenda en papel y por supuesto la cabeza.

En esos espacios te he dejado trozos de mi corazón. Hoy, al mover una pequeña estantería algo “desvencijada” han caído algunas al suelo y se han desparramado sin control, sin orden, sin concierto, pero siempre con el acierto con que mis sentimientos las escribieron. Algunas las leo de nuevo, las copio y te las envío.

Si tu no vienes y no me puedes decir “hola”, no pasa nada tampoco. Mándame mensajes cortos que yo guardaré y que te pueda devolver cuando estés abatido, descorazonado y en momentos de zozobra e inquietud. Mientras, paso mis desilusiones por el tamiz del microscopio para así hacerlas más pequeñas.

En la inmensidad del mar de mis noches mis ojos se paran en tu rostro, ese que llevo en mi corazón y mi retina. Ahí se quedan, mientras el reloj deambula impertérrito por el tiempo. Y me acurruco en esa hora en que no soy yo para ser tan solo un alma que sueña. No te diviso por ningún lado que es corroborar una vez más lo que casi siempre es.

¡Cuanta torpeza llevan a veces mis cúrsiles palabras! Yo no me creo nada, pero necesito decirlo así, en compañía de ese mi yo que vaga en compañía de una utopía.

Y esta noche me aturdo más que nunca, así se me escapan los párrafos que anoto a contrapelo en momentos desbocados. Deseo dejártelos todos juntos, que no revueltos, por si fueses capaz de leerlos y desde algún confín hacerlos responder.

Los he vuelto a recoger. Esos papeles, como escribió Pessoa…son mis sensaciones, la única realidad.

Un beso con el cariño de siempre. Feliz tarde hoy.