Noche de citas

Paulo Coelho, uno de mis escritores preferidos escribió: Esperar duele, olvidar duele, pero el peor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar. Muchas veces he pensado en hacer lo que dice P. Coelho, olvidar, pero no puedo. El árbol quiere la paz, pero el viento no se la concede  (Proverbio chino).

Como verás hoy estoy especialmente melancólica. Debe ser la estación. No me gusta el otoño, ya lo he dicho por aquí. Es triste, gris, imprevisto. Y eso que nací en estas fechas. Menos mal que a veces el corazón actúa y no piensa porque de lo contrario se pararía. En mi corazón hay una parcela de angustia y un sosiego hecho resignación. No me importa.

Y como esta noche estoy de citas literarias, Fernando Pessoa, un poco triste lo sé, escribió también que así como lavamos el cuerpo también deberíamos lavar el destino, mudar de vida como mudamos de ropa. Pero esto no es posible y así hay que congelar las obsesiones. No dejaba de llevar razón.

Y me viene al pelo otra frase, que en esta ocasión no recuerdo de quién es: Enamorarse es amar las coincidencias y amar enamorarse de las diferencias.
¿Me escribirás alguna vez? Bueno ya lo haces, pero no como yo quisiera. Claro está que primero has de leerme. No importa, me compenso con lo que escribe J.M. Caballero Bonald, poeta donde los haya que dice que  la mejor literatura es la que uno se escribe a sí mismo. Pero mis palabras, aunque escritas, siempre van dirigidas a ti. Estas son las consecuencias a falta de emociones tangibles.

Hubo un momento en mi vida en que el tiempo me pareció estúpido, largo, desapacible y deslavazado, pero las circunstancias de la vida se han transformado en una realidad  (¿?) llena de ilusión.
Lo mejor es no saber el futuro. Lo único cierto es que ansío vivir aunque sea de esta manera mucho tiempo. Las relaciones entre tu alma y la mía están condenadas a ser inciertas y divergentes, pero el corazón no trae manual de instrucciones y no lo puedo detener para que se calme.

Al final, hoy ya me he explayado bastante, una reflexión con una cita a las que esta noche he acudido. Lo que quise ayer lo tengo todo hoy, pero hoy no es ayer. Hoy no es ayer, pero … ¿Podría ser mañana? A esta pregunta sólo el tiempo podrá contestar.
Buenas noches con un beso susurrado al albur de los sueños otoñales.

Cuando describir es insuficiente

Querido amigo:
Aún ando como este amanecer de hoy, entre nubes y claros, entre tiempo y destiempo, pero espero llegar al cenit con toda la luz posible y este término es hoy más literal que nunca. No sé si amaneció después y anochecerá antes o al revés. He dado la bienvenida a un amigo con el que no he tenido contacto en días y cumplido lo prometido. Le he dicho que estás aquí, que no eres un sueño, que permaneces a todas horas sin estar, que no se trata de ningún espejismo, que es verdad todo lo que cuento. Cierto es también que siempre hay algún resquicio privado, pero menos importante.

Él no sabía que existías y yo a veces tampoco, pero tengo la necesidad de acompañar mi soledad como sea. Con libros, con música, con sueños, con realidades inconclusas y con diálogos que no sean sordos. Yo no le diré quién, dónde ni cuándo. Mis cartas hablarán por mí. Espero y deseo dar un buen perfil tuyo.

El azar a veces lanza piedras que terminan por dejar señales inequívocas de que nunca estamos solos. Él desea que te describa y yo, que siempre ando a rebufo entre la poesía y la metáfora no he tenido mejor forma de definir al destinatario de mis cartas como el alquimista zen. Espero haber acertado.

Un beso con el fresco otoñal de la mañana.

Una hora más

Mañana el reloj tendrá una hora más. Una hora más para recordarte, para quererte aún más en la distancia, para continuar echándote de menos, para seguir deseando conquistarte, para tener sesenta minutos más y decirte un “te quiero” a cada segundo, ¿lo he dicho?, sí y no echo marcha atrás, eso será si lo es y ojalá no, en la próxima primavera cuando tengamos una hora menos.

¿Los pensamientos pueden atravesar distancias? Sí, mientras tengamos una hora más…

6.31 a.m. ¿Nunca duermes?

Desaparecido amigo…
Desde la madrugada del martes ando aún dormida. No deseo despertar. Se me van desgajando poco a poco trozos de felicidad que no consigo retener. Y todo procede de ti. No me importa que ignores tu culpabilidad.

La noche, al contrario de lo que se pudiera pensar tiene memoria de ilusión aunque desconozca su pasado y su futuro. El día ya se encarga de engarzar esa melancolía que a todos nos aflige, más a mí misma. Estás algo asolado y preocupado por tus últimas desventuras debidas sobre todo a tu buena voluntad de creer siempre en los demás.

Debo alabar tu espíritu de generosidad. En esto me das mil vueltas y has conseguido darme una gran lección. Eres un cielo. Con una justa sensibilidad y con una recta razón que hoy es una rara avis. Y sigues perdido por ahí…como escribió Kipling

Más lejos de lo que nunca llegan las llamas del cometa
o se arremolina el polvo errante de las estrellas..
.

¿Qué hacías cuando mi tiempo era largo y no existían futuros imperfectos? ¿Dónde estabas cuando mi fulgor era brillante y atrayente? Geográficamente muy cerca, pero no podía verte ¿Por qué? Interrogante que repito hasta la saciedad.
Casi me culpo por estar escribiéndote esto a estas horas en que los confines de la tarde se esfuman, pero los albores de las mañanas cada vez me resultan más difíciles de atrapar.
Debo delirar y lo más grave es que estás tan lejos que no me puedes despertar con bofetadas de realidad. No deseo calificar este insomnio de pesadilla porque siendo como es me mantiene viva haciendo lo que hago.
Un beso tan largo como desees.

¿ Sabes qué?

Querido amigo:

Amo este rincón porque me deja ser yo, porque nada hay más importante para un alma que sentirse libre y gozosa. Si tengo en cuenta que el acceso a “este lugar” representa un día más estar contigo, vale pues el contacto de las teclas más que cualquier “otro placer”.

Es una cuartilla blanca y de retina, algo desvaída pero por encima de todo boato bloguero (con perdón de los que se trabajan la página), para mí prima el contenido. Quiero que mis abrazos sean tan amplios como frases interminables bien hilvanadas, que mis besos sean puntuaciones sublimes y mis caricias tan dulces y apretadas como párrafos sin espacios.

Y miro alrededor, o al fondo, o hacia atrás y tan solo te veo a ti, al sol casi de estío que me regala este mes de Octubre y que, como siempre, suele lucir el paisaje después de la tormenta, y tu perenne recuerdo como todos los días en los tiempos quedos entre obligaciones, devociones y dentro de minutos en el crepúsculo temprano del otoño.

Ahora no hay grillos que llenen el ambiente ni luciérnagas que bailen sobre el jardín, pero ello no impide que, pensar, sentir, querer, añorar y anhelar todo lo que tu representas se vea mezclado a modo de objetos revueltos en una caída de cajón desvencijado cuando se desparrama sobre el suelo.

Con un beso infinito siempre.

Nocturno

Queridísimo e inolvidable amigo:

Podría ser buena hora para dormir y también momento idóneo para soñar. No hago ninguna de las dos cosas aunque en verdad debo decirte que decido hacer lo segundo, me cuesta menos trabajo y me hace más feliz. La nocturnidad hace extraordinario lo vulgar del día. Créete la literalidad de estas palabras.
El tritono de la mensajeria instantánea me despierta y tú estás al otro lado con una de tus frases, no escogida nunca al azar, para desearme dulces sueños.

“La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo”.
Dylan Thomas.

Sweet dreams

En ese momento mi corazón late más alto que la conciencia que tengo de él y ello aumenta más aún mi insomnio. Estas autoconfesiones con ser tristes me mantienen viva y lo sabes. No necesito que digas nada que no quieras ni sientas.

¿Tú triste? Entiendo que has tenido una semana dura y que no hay cosa que duela más que jueguen con tu buena voluntad. Si treinta minutos no me han servido para levantarte el ánimo es que ya no “seduzco” nada y debo reflexionar.

Y como deseo escribir lo justo…doblo el folio por la mitad parapetándome con la almohada.
Un beso de madrugada con una música que esta noche puede ser esta.

Hay días y días

Querido imposible e invisible…

Hay días y días. Hay momentos y momentos y hay personas y personas. Lo que también existe sin existir es un remedio para un corazón dañado, cansado y soñador. Hoy solo me distrae la música y el pensamiento. Me subleva la monotonía de los días iguales, incoloros e incluso también insípidos. No huele a nada y no saboreo nada. El menú del órgano que siente es algo atípico e incierto.
Doy consejos que para mí no tengo, dice el refrán o el dicho popular. Ni lo más mínimo me distrae porque estoy completamente abstraída por ti y no consigo de manera alguna abatir este desasosiego que nubla mis ideas, mi juicio y mi razón.
Sé que existe un día allá al fin del futuro que nos vendrá cuando menos esperemos y desearía al menos marcharme con las imágenes felices que los espejos de mi vida han reflejado. Son variadas y dispersas en el tiempo pero siempre o casi han sorteado el equilibrio de lo imposible, de lo difícil, de lo inalcanzable.
Esta mañana me he levantado muy temprano, cuando aún el día no pensaba en aparecer y después de una noche de reloj lento, muy lento, demasiado lento. No sé si aún trato de dormitar o me escabullo entre los pájaros del otoño, que también cantan de madrugada. Es verdad y aún no localizo en qué árbol está, pero está. Igual que tú, ya sabes.
Al día le queda mucho aún y sin que nada me distraiga deseo con todo mi corazón estar donde estés aunque esa presencia me oprima físicamente el corazón y humedezca a ratos desconsolados mis ojos de lágrimas.
Un beso largo como el día.

La tarde compasiva y misericordiosa

Y ya en las postrimerías del día, como escribió San Juan de la Cruz, los ánimos se apaciguan y me examino yo.
Me hiciste enfadar anoche sin querer, ya lo sé. No, no era para mí. Y eso que mis ojos que están ahí, que los tienen todos, que hablan más que lloran, son claros, limpios, serenos y sobre todo sinceros. ¿Pueden confundir? No.

La callada por respuesta y el silencio por excusa. Este consuelo no me vale. Soy como una historia que alguien hubiese contado para novelar. Yo no sé si soy tedio o esperanza.
Y emigro a mis lugares de costumbre, hoy entre nubes con rasgos mal difuminados y llovizna suave.

Y me duele a veces, muchas, demasiadas, la vida, aún con las palmaditas de aliento que me doy. No me encuentro mal donde estoy pero no sé si me encontraría bien donde podría estar.

Ya se ha puesto la tarde el traje sensible de la nocturnidad y me vuelvo a derrumbar con el silencio impúdico de todo lo que me ve sin poderlo iluminar de manera alguna.
Yo sólo estoy aquí y tú tratando sin querer ni desear que mis sueños sean realidades absolutas.
Un beso auténtico, real y acariciado como la canción.

El destinatario sí eres tú

A mí me puede traicionar el subconsciente, pero para tenerte siempre conmigo, aunque sea con música pastelosa y cursi como tú dices. Hoy la prosa está aún con síndrome de ” puente. Perdona no es lo habitual en mí.

Es posible que avanzando el día se calmen los sentimientos tornándose más cuerdos.

Un gran beso en el ecuador de un día cualquiera.