Amor…¿sigues viviendo ahí?

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Te lo digo porque celebrando hoy tu onomástica no sé dónde dirigirte mi carta. Ya sé que el género epistolar  está un poco en desuso y no quisiera rememorarlo con palabras apresuradas.

Aquellas cuartillas garabateadas a mano entre enamorados, las que estuvieron de moda antes de existir el amor por internet, ese que tu bien sabes ni se vive ni se siente. Cartas que ansiábamos recibir con noticias de la persona  amada, sí, de aquella que se fue o de la que no terminó de llegar.

Yo no he dejado de escribirte y hoy te lo voy a recordar al margen de que estés sin estar y de que no seas siéndolo.

Quiero pensar que sigues ahí, pero no te noto como para sacudirte abrazos. Nunca dudé de que existieras aunque es cierto que en momentos determinados saliste disparado por la ventana entendiendo las circunstancias que te llevaron a ello.

Para mí no constituye una distracción más lanzarte en estos momentos un ansioso te quiero y ¿sabes por qué?…porque te siento de verdad, pero también te digo  que si no consigo tenerte, no me obligues tú a que yo entienda por qué, siendo como eres la mejor medicina para el alma.

Te aproximas a veces con lentitud y con miedo …¿por qué? No puedo esperar mucho tiempo más para sumergirme en las aguas cálidas de unos abrazos, de unas sonrisas, de suaves caricias, de una agradable compañía, de muchas cosas más que tú representas.

No me quiero extender,  ya sabes lo que dijo o escribió Platón… “La mayor declaración de amor es la que no se hace y el hombre que siente mucho habla poco”,  y me la aplico yo en este caso Y al griego cualquiera le replica. ¡Qué sueños amor!

Hasta siempre.

El tiempo y las diez mil metáforas

 

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Sucede un tiempo tras otro y una noche tras un día y yo te diría que fueras despacio, que vas muy deprisa.

Que los espacios oníricos en donde Morfeo se recrea cada noche, cada vez son más breves y se ven salpicados de nieblas quejumbrosas que hacen más difícil mi deambular por esas  diez mil metáforas que me fabrico cada noche contigo para logra subsistir cuando la luz asome por los tejados.

El tiempo aguarda entre los árboles y no se conmueve. Ni tan siquiera en esa primavera por venir en donde soñar con flores podría ser preludio de descanso en un jardín zen.

Y yéndote  como te vas tan aprisa, cada día te quiero y te necesito más. Será que no sé llamarte o tal vez poseerte porque para quedarse nadie llegó hasta aquí. Y te escapas cual enamorado sin consuelo.

Todos nos iremos contigo, pero hemos de aprender a estar juntos. Y sucedo a tus noches y a tus días atravesando desiertos, surcando mares o cabalgando entre nubes.

Yo sé que no eres tú, que es el agujero que me dejaron las  ausencias y que juntar la vida toda no me libra de esa sola verdad incuestionable…el tiempo que se me escapa.

Supongo que podemos aceptar el muy prudente cálculo de diez mil (metáforas). Seguro que existen más de diez mil hormigas, diez mil hombres, diez mil esperanzas, temores o pesadillas en el mundo. Pero si aceptamos el número de diez mil, y si pensamos que todas las metáforas son la unión de dos cosas distintas, entonces, en caso de que tuviéramos tiempo, podríamos elaborar una casi increíble suma de metáforas posibles.” (Jorge Luis Borges)