La esencia de una respuesta

Todo lo que acontece pasa cuando menos te lo esperas. Solo me ha hecho falta leerte para saber el transbordo que a veces hacen las palabras, porque ellas viajan y mucho. Solo me interesa un  trayecto. El resto lo dejo pasar porque jamás se detuvo. Tú sí.

Se dice que quien no busca es feliz. Voy a terminar por creerme que eso es verdad. Nunca busqué nada. Siempre me dejé llevar por esos instantes felices en donde dicen que está lo eterno. Fracciones de tiempo imperfectas que llegaron a mi vida de la forma más variada posible.

Ahora sé que las almas gemelas se encuentran, se relacionan y se funden. Lo que resulta de esa fusión aún a riesgo de equivocarme, debe ser algo parecido al cielo. Todo está donde está, donde debe.

Mi impaciencia a veces carece de andén y deseo equivocadamente, no sólo admirar las cosas, sino sentirlas. Hoy te he formulado una pregunta y tú me has dado todas las respuestas. Gracias por esa esencia.

El aire no está solo

“ Querría descubrir los mecanismos mediante los cuales una percepción visual del universo se transforma en la gloria de los colores”
(Isaac Newton)

Y los colores no sólo están en la paleta de los pintores y menos en la curiosidad de Newton. El arco iris tiene un recorrido misterioso y una superficie cuanto menos rara, mucho más de lo que imaginamos. Y yo no lo he sabido hasta ahora.

No sé cuándo me tropecé con él. Pudo ser en otoño o en primavera, y fueron… son, esos siete colores los que me hacen ver el cielo de forma diferente. Aunque no llueva, aunque el sol se escape, aunque los colores se relajen, aunque vuelva la tormenta, aunque se acorte la noche y el día se alargue. Aunque sea lo que sea, lo que deba ser.

Algo revolotea en el ambiente y el aire ya no está solo. Lo hace por el espacio que transcurre entre la realidad y la imaginación. Se marchará igualmente la lluvia y dejaré que el horizonte, esa quimera que está lejos o cerca, me bese cuando quiera. Sensaciones nuevas para un alma nueva. Y se llenarán los espacios de pájaros, soles, flores y remolinos de arena en aguas tranquilas y espacios transparentes.

A veces se puede perder el sentido de lo que se quiere, pero el aire siempre traerá, ya lo hace, sonrisas de bondad y gestos de complicidad que hacen la mejor de las compañías.

El tropiezo

No, no estaba, no está tan lejos. La inspiración  que hace desempolvar las palabras de tu cerebro para traerlas aquí está siempre más cerca de lo que crees, no en tu cabeza,  al lado tuyo. Y la felicidad también. No hace falta escalar cerros remotos, ni patear valles, ni tan siquiera como es mi caso, ir a mojarse los pies a ese trozo de orilla en donde a veces descanso mi alma junto a las gaviotas.

No ha escampado todavía, pero veo el sol. La presencia de las emociones no sé si está al final o al principio, pero sé que está. La percibo, la siento, la vivo. El continuo esperar cuando puede no esperarse nada siempre habrá sido sin saberlo esa inspiración que estos días me ha faltado para imaginar todo, sufrir mucho y no ser al final nada.

Llorar en mi torpeza solo me ha hecho empañar lo que tan cerca tengo. Ahora solo deseo nacer de nuevo, desvanecer las nubes y vivir, solo vivir. Ignoro si habrá valido la pena, quiero pensar que sí. Mis palabras a veces se precipitan de forma torpe dando lugar a equívocos en donde no siempre transmito el consejo adecuado ni la respuesta correcta, pero soy así.

Tropezar para levantarse. Tengo muchos vacíos y gozos diminutos, pero siempre valdrá la pena luchar por ello. Siempre.